Bitácora de la capitana: Persistencia vs gratificación instantánea.  

Escritorio frente al mar al atardecer con journal de páginas matutinas abierto, taza de café, brújula, mapa y cámara analógica, con texto "Bitácora de la capitana" en tipografía manuscrita
Escritorio frente al mar al atardecer con journal de páginas matutinas abierto, taza de café, brújula, mapa y cámara analógica, con texto "Bitácora de la capitana" en tipografía manuscrita
Imagen creada con IA

En 2006 me dio la locura y me quise cambiar de colegio. 

No entraremos en los detalles de los motivos, porque no es relevante para esta historia. El foco acá es el desafío. 

Tenía 15 años y lo hable con mis padres, mi madre específicamente fue mi apoderada toda mi vida. Ella dijo que podía hacerlo siempre y cuando yo buscara a que colegio me quería ir. 

Encontré el liceo al que quería asistir y averigüé todo lo necesario. 

El problema es que la matricula estaba completa para mi curso, aunque había una persona no estaba segura, así que me dijeron que llamara los próximos días para preguntar si algo había cambiado, dándome el pie para poder enfrentar esta situación. 

Así que llamé al día siguiente para preguntar y no había cambio. 

Insistí nuevamente al día siguiente y al siguiente y al siguiente, y así por una semana.  

Fui tan insistente que la persona que me atendió dijo “sabes que… ven a dar la prueba”

Recuerdo que me midieron en lenguaje y en matemáticas, para comparar el nivel académico que tenía vs el estándar del colegio. Y ya estaba hecho, ahora solo quedaba esperar. 

Una espera no muy larga ya que ese mismo día, habían pasado un par de horas cuando suena el teléfono y piden hablar con mi madre. 

Le dijeron que habían quedado impresionados con mis resultados en matemáticas, así que estaban haciendo un cupo especial para que me pudiese matricular. 

La moraleja de esta historia: I can be the most persistent bitch if I want to! 

Persistencia, el que persigue la consigue es totalmente cierto. Y es una enseñanza que viví en carne propia. 

Me acordé de esto mientras escribía en mi journal y puedo decir que ser persistente está en mi esencia, pero siento que de alguna forma lo dejé de lado hace mucho tiempo.

Algo que reafirmé en mis paginas matutinas del siguiente día donde la epifanía fue:  

Cómo la vida de la gratificación instantánea nos ha arruinado esperando que todo sea inmediato, ahora ya. 

Este pensamiento se desencadenó con las series de televisión. 

Antes era normal esperar un capítulo cada semana. Ahora, si bien ese formato todavía sigue, lo más común es ver de una sentada una temporada completa de una serie: gratificación instantánea, pero te deja con una sensación de ¿le puse atención realmente?

Actualmente estoy siguiendo algunas series que están estrenando un capítulo semanal y hay algo nostálgico en esa espera. En quedarse pensando que pasará, crear teorías y toda una línea paralela de cómo se desarrolla la historia en tu mente porque no tienes el siguiente capitulo a tu disposición. Dispara la creatividad. 

Y si llevó esto a la vida misma, siento que nos hemos ido acostumbrando a esa satisfacción instantánea, que de alguna forma ha ido en detrimento de nosotros mismos. 

Dejamos de perseverar, de insistir. Si no funciona a la primera paso mi atención a la siguiente cosa, sin darle ni siquiera una segunda oportunidad a algo que, en un universo paralelo, pudo ser el gatillante de una vida maravillosa. 

Lo he visto en mí misma en esos proyectos que tengo abandonados luego de no los suficientes intentos. 

Con el acceso que tenemos a la tecnología nos acostumbramos a tener todo a la mano, información al instante. ¿Pero qué habilidades estamos desarrollando? ¿Qué valores?

Yo soy de una generación que vivió el cambio tecnológico y tuve que investigar en libros antes que el internet tuviera acceso masivo, y tuve que crear los papelógrafos para las presentaciones antes que existieran los programas para hacer presentaciones. 

Ahora le puedes pedir a la IA que te cree una presentación y se tarda la nada. 

Que sí, es útil para que puedas dedicar tu tiempo a otras cosas, pero en serio, ¿qué habilidades estamos dejando de lado? ¿Qué cosas estamos dejando de desarrollar porque es así de fácil que una maquina lo haga por mí? ¿Qué talentos estoy dejando de descubrir?

Cuando pienso en esto, me hace sentido por qué están teniendo tanto éxito los canales de contenido análogo. 

La contradicción misma. 

Pero ver cómo la gente está volviendo a los puzles, tejidos, libros, pintar, etc. Actividades que no necesitan de una pantalla…excepto quizás un lector digital, o si necesitas un tutorial para aprender a hacer algo.

 Eso es una combinación que si me hace sentido: donde la pantalla es un apoyo para algo más y no el todo. Donde es un soporte para que nosotros desarrollemos algo y adquiramos esas habilidades que estábamos dejando abandonadas. 

Toda esta línea de pensamiento salió porque volví a algo básico: escribir. 

Solo una hoja y un lápiz y tiempo para sentarme con mis pensamientos. 

Quizás ahí está la clave, no porque sea “vintage” o esté de moda volver a lo análogo. Si no porque realmente nos hace volver a conectarnos con nosotros mismos, redescubriendo cosas de las que no nos daríamos cuenta si no hiciéramos esta pausa y nos tomáramos este espacio. 

Por ejemplo, otro día de escritos en las páginas matutinas me llevó a un pensamiento que me llamó la atención: 

La comodidad es aterradora.

Es en esto en lo que caí este último año, y quizás desde hace mucho tiempo más. 

La comodidad me convirtió en este ser que no se mueve, que no toma acción, que no tiene ambiciones, porque todo cuesta, porque no tengo energía para moverme y caí en este círculo vicioso del que no me siento particularmente orgullosa. 

Así que el desafío acá es volver a lo básico, a mi propia esencia, donde yo misma me defino como una persona persistente, creativa, alegre. Soy una persona que se mueve, que hace que las cosas pasen. Esas (y otras más) son las características que siempre destaque de mí misma, pero que no las he visto en el último tiempo.

Tengo un proyecto gigante, con mil ideas y aristas de cosas que quiero hacer y probar.

Siento que debo volver a lo básico para crear una estrategia para poder llevarlo a cabo. 

Tratar esto mismo, lo que yo estoy creando, con la misma seriedad de las cosas que hacía cuando estaba trabajando para un 3ero y rompiéndome el lomo con una montaña de estrés y el cortisol por las nubes. 

Si fui capaz de hacer eso por otros, aún más debiese ser capaz de hacerlo por mí misma. 

Así que el compromiso es cumplirme a mí misma, y veamos que sale.